El burdel Kandapara de Bangladesh a través de la cámara de Sandra Hoyn

Sandra Hoyn,  finalista del concurso LensCulture Portrait Awards 2016, nos cuenta cómo es la vida dentro de el segundo burdel más viejo de Bangladesh.

 

 

El burdel Kandapara en el distrito de Tangail es el más antiguo (200 años) y el segundo más grande de Bangladesh, uno de los pocos países musulmanes donde la prostitución es legal. A pesar de que lo demolieron en 2014, se ha vuelto a construir gracias al apoyo de las ONG’s, teniendo en cuenta que muchas mujeres que nacieron y se criaron ahí, no sabían a donde ir.

Los partidarios del burdel creen que el trabajo sexual es un trabajo común y corriente, y que estas mujeres, no podrían hacer otra cosa. Las mismas mujeres del lugar han peleado por sus derechos como trabajadoras. Por ello, que al final del 2014, la Asociación  Nacional de Abogadas de Bangladesh convencieron al Tribunal Supremo de ese país que el desalojo de las trabajadoras sexuales era un acto ilegal.

Actualmente,  el área del “distrito burdel” está rodeada por un muro de dos metros. En sus estrechas calles hay puestos de comida, tiendas de té y vendedores ambulantes. El burdel es un lugar con sus propias reglas y jerarquías de poder que son completamente diferentes de la sociedad en general.

Por ejemplo, dentro de los burdeles, las mujeres son débiles, pero también poderosas. La etapa más vulnerable es cuando se inicia en el oficio. Es prácticamente una esclava sexual. Estas “mujeres” por lo general tienen entre 12 a 14 años de edad y vienen de familias pobres o, con frecuencia, son víctimas de trata de personas. No tienen la libertad o derechos. Ellas pertenecen a una “madame”, con la que tienen deudas y no se les permite salir a la calle o mantener su dinero hasta que hayan pagado todo -aproximadamente entre 1 a 5 años-,  y se convierten en trabajadoras sexuales independientes. Es ahí que recién pueden negarse a los clientes y disponer de su dinero.

Pero su origen es distinto: algunas mujeres llegan allí por elección, otras huyen de sus maridos y otras por la necesidad de asegurar su subsistencia. Hace poco una de las chicas de 17 años, rechazó la propuesta de matrimonio de su cliente más fiel porque no confía en que la deje administrar su dinero, por eso, prefiere mantener su independencia como trabajadora sexual.

Sus clientes son policías, políticos, agricultores, pescadores, trabajadores de fábricas o grupos de adolescentes. Algunos de estos hombres solo buscan sexo, pero otros, van por amor y la compañía de una mujer.

Mira la galería completa de los finalistas y ganadores aquí.

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