Caminando por el Caminito…

Buenos Aires es de las capitales más reconocidas a nivel mundial, tanto por las cuestiones culturales como por las deportivas. Ostentan una de las postales más famosas de esta parte del mundo con la imagen del obelisco sobre la Avenida 9 de julio, “la más ancha del mundo” como me hacían hincapié todos a los que consulté sobre ella.

Pero en medio de ese cuadro, figura uno de los barrios más emblemáticos del país: La Boca y su famosa calle Caminito.

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Caminito – Buenos Aires (Foto: Revista Känan)

Lo primero que se debe desterrar de la cabeza es que, si se toman las medidas correctas, La Boca no es un barrio para nada peligroso. Pero, repito, si se toman las medidas de seguridad correctas. Eso implica, por ejemplo, no pasear con cámara fotográfica luego de las 18:00 horas del día.

Para llegar de forma económica hay dos opciones: tomar el bus 29 o el bus 64, ambos llegan hasta el mismo corazón del barrio: la entrada a la calle Caminito, frente al río Matanza-Riachuelo en su paso por el barrio.

Caminito es una calle que bien podría pasar por un callejón sin toda la decoración y mística que todos los vecinos del lugar lograron imponer desde hace casi 60 años, por iniciativa del pintor Benito Quinquela Martín.

Antes de ser lo que ahora es, Caminito fue un caprichoso arroyo en forma curva que llegaba hasta el Riachuelo. A finales del siglo XIX, se construyó encima un ramal del Ferrocarril de Buenos Aires a Ensenada. Cuando el servicio del tren decayó, “La Curva” -como se le conocía en ese tiempo a Caminito– fue perdiendo brillo.

Diego Maradona, Eva Perón y Carlos Gardel te saludan desde un balcón. (Revista Känan)
Diego Maradona, Eva Perón y Carlos Gardel te saludan desde un balcón (Foto: Revista Känan).

Caminito ahora tiene un cúmulo de tiendas y negocios en su recorrido, que se fueron extendido por las calles aledañas y que le dan ese brillo de museo a cielo abierto.

Los colores de las casas, árboles, galerías, negocios y demás son tonos que podrían saturar la vista, pero que los ojos no rechazan a pesar de la  combinación desordenada de ellos. Mucho paisajistas urbanos podrían pensar que es un despropósito la mezcla de pinturas, pero eso es lo de menos al momento de apreciar el conjunto en su totalidad.

Es fácil perderse en el barrio de La Boca, cualquier calle podría pasar por Caminito. Pero luego de bajar de los buses (o colectivos, como se llama en la tierra del mate) te va a recibir una estatua a tamaño natural del papa Francisco I desde un balcón. Algo así es difícil de pasar por alto.

El Papa Francisco I te recibe desde un balcón a la entrada de Caminito (Revista Känan)
El Papa Francisco I te recibe desde un balcón a la entrada de Caminito (Foto: Revista Känan).

Pero si hay algo que es sagrado en Caminito, y todo el barrio de La Boca, eso sería la combinación de los colores azul y amarillo. Llegando casi a un nivel divino si está el escudo del Club Atlético Boca Juniors encima.

A cuatro cuadras de la llamada “Vuelta de Rocha”-uno de los puntos donde se cree que se fundó la ciudad de Buenos Aires-, se levanta el imponente estadio Alberto J. Armando, conocido mundialmente como La Bombonera.

Una vista al interior de la mítica Bombonera (Revista Känan).
Una vista al interior de la mítica Bombonera (Foto: Revista Känan).

Y en las calles alrededor se respira todo el ambiente vinculado con el club, más allá del fútbol. Incluso, si no te alcanzó el tiempo o dinero para ingresar al museo y al estadio, dejan dos puertas laterales abiertas (con las rejas cerradas) para ver parte del interior del estadio.

Además, en muchos rincones del mundo, siempre tendrás la posibilidad de encontrar un peruano. Ese es el caso del compatriota con el que me crucé en la tienda frente a la puerta de entrada para el Museo Boquense. Si llevas soles hasta Buenos Aires y no sabes qué hacer con ellos, busca a “el Bryan” en la tienda frente al museo de Boca Juniors.

Toda la zona es de las más turísticas en la capital argentina, sobre todo por ese clima de museo a calle abierta que se respira en el lugar.

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